La persona que no tuviste

Soy una sola persona, haciendo esto como me habría gustado que alguien lo hiciera por mí.

Un aterrizaje suave

Me mudé a Europa a los dieciocho años, sola por primera vez. La primera parada fue Bélgica, y fue más suave de lo que esperaba, porque viví con una familia anfitriona que me hizo más fácil adaptarme y, sobre todo, se aseguró de que no estuviera pasando por eso sola.

Ese año hice mis primeros amigos locales y descubrí muchísimas cosas. Los trenes (¡qué invento, tan fáciles y accesibles!). Los buses de larga distancia, donde 17 horas no eran nada a esa edad si el pasaje costaba 20 euros. Las estaciones del año, todo un descubrimiento cuando vienes de la línea ecuatorial. Tuve que cambiar todo mi clóset, porque resulta que un vestido con medias y un abrigo no sirven de mucho a 0 grados.

Sobre todo, ese primer año me dio tiempo para ver mis opciones. Estudiar en Europa dejó de ser un sueño y empezó a parecer algo que de verdad podía hacer.

Dar el paso a ciegas

Se volvió real cuando me mudé a Alemania para ir a la universidad. No tenía ninguna raíz aquí. No había ido a un colegio alemán, no hablaba el idioma, y todo lo que conocía del país eran cuatro días en Berlín y tres en Hamburgo como turista ese mismo año. Y esta vez no había familia anfitriona, ni parientes, ni siquiera alguien al otro lado del teléfono que lo hubiera hecho antes que yo. Tuve que resolver todo por mi cuenta: la burocracia, la soledad y todas esas pequeñas cosas del día a día de las que nadie te avisa.

En qué se convirtieron diez años

Diez años después, tengo dos títulos, semestres de intercambio y pasantías en otros tres países, el idioma, la ciudadanía y un trabajo en lo mío. He vivido en Friburgo, Berlín y Hamburgo, y las he querido mucho. Aquí conocí a mis mejores amigos, mantuve mis pasatiempos y descubrí otros nuevos. Usé mis ahorros, mis vacaciones de la universidad y mis días libres para recorrer casi todo el continente.

He visto Alemania como estudiante, como trabajadora, y hasta como turista cada vez que mi gente vino a visitarme.

Por qué hago esto

Esos diez años no siempre fueron fáciles. Hay muchas cosas que hice bien, y muchas que me hubiera gustado hacer distinto. Al mismo tiempo vi cómo se desarrollaban las historias de mis amigos, y cada una era diferente: irse o quedarse, trámites de visa, buscar trabajo, volver a estudiar, extrañar la casa y mucho más.

Entre mi propia experiencia, la de ellos y mucha investigación, fui juntando mucho conocimiento sobre vivir aquí, estudiar aquí y viajar. Sin planearlo mucho, me convertí en la persona a la que amigos y casi desconocidos llamaban cuando también se mudaban aquí. Ayuda con una cita. Un formulario que no tenía sentido. Un mensaje de "oye, ¿esto es normal?".

Nada me da más energía que compartir todo eso y ver cómo el camino de alguien hacia Alemania, o su próximo viaje, empieza a tomar forma.

Cómo se ve esto hoy

Algunas personas tienen un amigo, un primo o un hermano que dio el paso antes y puede ayudarles a empezar, muchas veces con poco tiempo. Muchas no. Quiero ser esa persona para ti, para que no tener a alguien nunca sea la razón por la que no vas tras lo que quieres. Quiero abrirte puertas y ayudarte a cruzarlas.

Por ahora soy solo yo. Trabajo en seis idiomas, así que puedes explicarme tu situación en el idioma en el que piensas, no en el que todavía estás aprendiendo. La idea es que algún día el "yo" se convierta en "nosotros": un equipo pequeño, igual de personal, igual de cercano, solo que capaz de ayudar a más gente a encontrar su lugar aquí.

Lo que no soy

No soy un estudio jurídico, una agencia de visas ni una oficina del Estado. No puedo firmar documentos en tu nombre ni darte asesoría legal. Lo que sí puedo es contarte cómo funciona el sistema de verdad, qué piden realmente los formularios, qué cita sacar primero y lo que nadie pone por escrito. Cuando tu caso necesite un abogado o un asesor tributario, te lo voy a decir, y casi siempre sabré a quién preguntar.

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